miércoles, 5 de agosto de 2015

Cuando se piensa...

...por Hugo Wast  

Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.

Cuando se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.

Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.

Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.

Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos.

Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.

Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.

Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.

Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.
Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.

Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.

Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.
Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.

Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado.

Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.

Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

Fuente: www.devocionario.com

Hugo Wast: Novelista y político argentino cuyo verdadero nombre era Gustavo Martínez Zuviría (1883-1963). Estudió leyes, y economía política. En 1943 fue ministro de Justicia y de Educación pública, cargo que aceptó con la condición de que se introdujera la enseñanza religiosa en todas las escuelas. Escribió numerosas obras de literatura, muchas de ellas de carácter religioso. (Ver también: oraciones para pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas).

martes, 4 de agosto de 2015

Biografía: San Juan María Vianney

Cura de Ars, nacido en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, el 8 de Mayo de 1786; muerto en Ars el 4 de Agosto de 1859.; hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze.
En 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y Juan Bautista María Vianney fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana y sus maestros nunca parecen haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, limitándose a un poco de aritmética, historia, y geografía, y encontró el aprendizaje, especialmente el estudio del latín, excesivamente difícil. Uno de sus compañeros, Matthias Loras, después primer obispo de Dubuque, le ayudaba en sus lecciones de latín.
Pero ahora se presentó otro obstáculo. El joven Vianney fue llamado a filas, al haber obligado la guerra de España y la urgente necesidad de reclutas a Napoleón a retirar la exención que disfrutaban los estudiantes eclesiásticos en la diócesis de su tío, el Cardenal Fesch. Matthieu Vianney intentó sin éxito procurarse un sustituto, de modo que su hijo se vio obligado a incorporarse. Su regimiento pronto recibió la orden de marchar. La mañana de la partida, Juan Bautista María fue a la iglesia a rezar, y a su vuelta a los cuarteles encontró que sus camaradas se habían ido ya. Se le amenazó con un arresto, pero el capitán del reclutamiento creyó lo que contaba y lo mandó tras las tropas. A la caída de la noche se encontró con un joven que se ofreció a guiarle hasta sus compañeros, pero le condujo a Noes, donde algunos desertores se habían reunido. El alcalde le persuadió de que se quedara allí, bajo nombre supuesto, como maestro. Después de catorce meses, pudo comunicarse con su familia. Su padre se enfadó al saber que era un desertor y le ordenó que se entregara pero la cuestión fue solucionada por su hermano menor que se ofreció a servir en su lugar y fue aceptado.
Juan Bautista María Vianney reanudó entonces sus estudios en Ecully. En 1812 fue enviado al seminario de Verrieres; estaba tan mal en latín que se vio forzado a seguir el curso de filosofía en francés. Suspendió el examen de ingreso al seminario propiamente dicho, pero en un nuevo examen tres meses más tarde aprobó. El 13 de Agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por Monseñor Simon, obispo de Grenoble. Sus dificultades en los estudios preparatorios parecen haberse debido a una falta de flexibilidad mental al tratar con la teoría como algo distinto de la práctica - una falta justificada por la insuficiencia de su primera escolarización, la avanzada edad a la que comenzó a estudiar, el hecho de no tener más que una inteligencia mediana, y que estuviera muy adelantado en ciencia espiritual y en la práctica de la virtud mucho antes de que llegara a estudiarla en abstracto. Fue enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación, que le instó a perseverar cuando los obstáculos en su camino le parecían insuperables, que intercedió ante los examinadores cuando suspendió el ingreso en el seminario mayor, y que era su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el "cura de Ars" se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano. Algunos años después de llegar a Ars, fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó "La Providencia" y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de "La Providencia" en el catecismo, y estas enseñanzas catequéticas llegaron a ser tan populares que al final se daban todos los días en la iglesia a grandes multitudes. "La Providencia" fue la obra favorita del "cura de Ars", pero, aunque tuvo éxito, fue cerrada en 1847, porque el santo cura pensaba que no estaba justificado mantenerla frente a la oposición de mucha buena gente. Su cierre fue una pesada prueba para él.
Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque "las almas le esperaban allí". Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. En 1855, el número de peregrinos había alcanzado los veinte mil al año. Las personas más distinguidas visitaban Ars con la finalidad de ver al santo cura y oír su enseñanza cotidiana. El Venerable Padre Colin se ordenó diácono al mismo tiempo, y fue su amigo de toda la vida, mientras que la Madre Marie de la Providence fundaba las hermanas auxiliadoras de las ánimas del purgatorio por su consejo y con su constante aliento. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. A veces adivinaba pecados no revelados en una confesión imperfecta. Sus instrucciones se daban en lenguaje sencillo, lleno de imágenes sacadas de la vida diaria y de escenas campestres, pero que respiraban fe y ese amor de Dios que era su principio vital y que infundía en su audiencia tanto por su modo de comportarse y apariencia como por sus palabras, pues al final, su voz era casi inaudible.
Los milagros registrados por sus biógrafos son de tres clases:
. en primer lugar, la obtención de dinero para sus limosnas y alimento para sus huérfanos; . en segundo lugar, conocimiento sobrenatural del pasado y del futuro; . en tercer lugar, curación de enfermos, especialmente niños.
El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.
El 3 de Octubre de 1874 Juan Bautista María Vianney fue proclamado Venerable por Pío IX y el 8 de Enero de 1905, fue inscrito entre los Beatos. El Papa Pío X lo propuso como modelo para el clero parroquial.
[Nota: En 1925, el Papa Pío XI lo canonizó. Su fiesta se celebra el 4 de Agosto]
Fuente: https://www.aciprensa.com/

lunes, 3 de agosto de 2015

jueves, 30 de julio de 2015

Saludo a Jesús Sacramentado


Oh Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, aquí presente en el Santísimo Sacramento del altar, creo todo lo que Vos, mi Señor, me habéis revelado. Arrepentido de todos mis pecados, esperando en Vos que nunca permite que sea confundido, agradeciendo por este don supremo, amándoos sobre todas las cosas en este Sacramento de vuestro amor, adorándoos en el misterio profundo de vuestra humildad, os manifiesto y hago patente todas las heridas y miserias de mi pobre corazón y os pido me deis todo lo que necesito y deseo. Pero tan solo os necesito a Vos, oh Dios mío, tan solo os deseo a Vos, vuestra gracia y la gracia de usar debidamente vuestras gracias, poseeros en esta vida y poseeros en la otra.

Bendito seáis, oh poder divino de vuestro paternal Corazón, que aunque todo lo podéis, sin embargo, no podíais darnos un don más precioso que este Santísimo Sacramento.

Oh Pan celestial, gran Sacramento, os adoro y os alabo en todo momento. (repítase después de cada alabanza.)

Bendita seáis, oh Sabiduría del Verbo Divino, que todo lo sabéis y lo ordenáis, y sin embargo no sabíais prepararnos una comida más exquisita, que este Santísimo Sacramento.

Bendito seáis, oh Dios mío, que en vuestra inefable dulzura de amor os habéis transformado en este pan para dárosnos como el más dulce manjar.

Bendito seáis, oh Dios mío, que habéis encerrado todos vuestros misterios en esta humilde forma de pan terrenal. ¡Oh Trinidad Santísima!


miércoles, 29 de julio de 2015

lunes, 27 de julio de 2015

viernes, 24 de julio de 2015

Faltan cinco meses

¿Cuántas cuentas regresivas hemos hecho en nuestra vida?  Algunas veces por acontecimientos realmente únicos como el cumplir mayoría de edad o el día de nuestra boda, otras veces por cosas más simples como un concierto de algún grupo que realmente nos gusta o inclusive cada semana hasta que llegue viernes para así poder descansar.  El tiempo…

…El tiempo avanza de manera inexorable y es imposible que podamos modificar su curso. No podemos lograr que transcurra más lento o más rápido, o pretender guardar un poco para el futuro.  Se termina la cuenta regresiva y llega el día esperado y en un cerrar y abrir de ojos todo se terminó.  La espera…

…La espera nos ha de generar diversos sentimientos y sensaciones.  Cómo vivamos la espera dependerá si lo hacemos en solitario o no, si es justa y explicada o no, si es conocida y finita o no, y por supuesto si se tiene mucha o poca ilusión puesta en que llegue el día o suceso.  Los sentimientos y sensaciones que nos generen pueden ser tanto positivos como alegría, esperanza, sosiego, entusiasmo, etc., o pueden ser negativos como impaciencia, miedo, desconfianza, nerviosismo, entre otros.  Habrá ocasiones en que el negativismo nos invada, sin embargo, a pesar de la incertidumbre que tengamos, debemos procurar mantener nuestro pensamiento positivo y esperar con fe.  El día esperado…

…El día esperado de cada uno es distinto al de los demás porque cada uno tiene motivaciones distintas.  Cada año nos entusiasmaremos por días específicos, un ejemplo puede ser nuestro cumpleaños, aunque para algunos es un día cualquiera, también añoramos nuestras vacaciones; para nosotros los cristianos, La Pascua ha de ser un día de dichosa espera, es más, cada domingo aspirar a encontrarnos al Señor también debería ser anhelado.  También habrá años especiales donde aguardaremos matrimonios, bautizos, primeras comuniones, graduaciones, promociones laborales, entre otros.  Cinco meses…

…Cinco meses parecen ser mucho, ¡cuántas cosas se pueden lograr en cinco meses!, sin embargo, si lo vemos a razón de lo que ocupa en el año, es menos de la mitad.  ¿Qué esperas tú que suceda en cinco meses?  Yo anhelo la Navidad, mi época del año favorita.  En primera instancia porque conmemoramos el nacimiento de nuestro Salvador, aquel que naciendo en un pesebre nos muestra que el ser humilde y sencillo no nos quita riquezas, sino que el verdadero privilegio que tenemos es la familia y el compartir con ellos.  La tradición…

…La tradición navideña varía de país y de familia por supuesto.  Para algunos la entrega de regalos es de Papa Dios, otros del niño Jesús, otros a pesar de creer en Jesús, le atribuyen los regalos a Santa Claus; de igual forma es diferente lo que hacemos los días previos a la nochebuena y navidad.  Muchos nos preparamos con villancicos y posadas, en algunos lugares se hace dentro del templo, en otros recorriendo las casas de la comunidad, haciendo conciertos navideños, decorando nuestros hogares, comprando obsequios, preparando la deliciosa cena, en fin, todo es inspirado por la alegría de lo que celebramos.  Mis navidades…

…Mis navidades siempre fueron junto a mis padres y mi hermana.  Arbolito no siempre hubo, pero el nacimiento o pesebre no podía faltar, al cual cada año se le debía agregar aunque sea una figura.  En nochebuena preparábamos la comida para que estuviera lista temprano.  En horas de la noche nos preparábamos para ir a misa, al regresar esperábamos que se dieran las doce y nos felicitábamos entre nosotros, buscábamos al niño y lo colocábamos en el pesebre y hacíamos una oración en familia.  Luego comíamos y al terminar, hacíamos el intercambio de regalos y a dormir.  Al día siguiente, abríamos los regalos y entre visitas y más regalos de parientes, jugábamos todo el día.  Al crecer…

…Al crecer muchas cosas cambian, como la navidad es de los niños, ya no se reciben tantos presentes, y toca visitar a los más pequeños de la familia y llevarle obsequios.  Además de estar con la familia, sueles compartir tu día con amistades y pareja.  Esta navidad…

…Esta navidad será especial, será la quinta navidad que pasaré con el hombre que Dios me regaló como esposo.  El primer año recién nos habíamos hecho novios, pero recuerdo como simpatizó con mis padres, primos, abuelas y tíos.  El segundo, ya comprometidos en matrimonio, la ilusión del futuro juntos era nuestro gran regalo.  El tercero, ya con la bendición de Dios, en nuestra propia casa, solos él y yo dando gracias a Dios.  El cuarto, solos nuevamente, en un nuevo hogar, en un país completamente nuevo, pero con Dios junto a nosotros.  El quinto…

El quinto año juntos es el que esperamos.  Seguimos lejos de nuestros padres y demás familiares, pero Dios sigue con nosotros y Él nos ha prometido un regalo especial, nuestro primer bebé.  Nacerá en navidad o unos días antes, sólo Dios sabrá, pero como fue la de María, nuestra espera es dulce, llena de ilusión y esperanza, de alegrías y sueños, de amor y confianza. 



El tiempo pasará y la espera concluirá, llegará el día esperado y los cinco meses en nada quedarán, la tradición navideña en ese niño seguirá y mis navidades jamás volverán a ser igual, seguiremos creciendo, él crecerá, y si es voluntad de Dios pasará un sexto, séptimo y muchos más años y bendiciones para nosotros vendrán, pero sin duda alguna, esta navidad, jamás hemos de olvidar.