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domingo, 17 de abril de 2016

Entrando a los 30

Una foto puede hacer mucho por ti. A raíz de una sesión de fotos que tuvimos ayer, tuve una pequeña crisis existencial. Resulta que quería que los tres combináramos pero algunas cosas se complicaron y en la corredera mi esposo quedó de cuadros, bebé de rayas yo de flores, ellos combinaban pero yo no. Igual las fotos salieron bien pero mi mente seguía torturándome y hasta casi no pude dormir pensando en lo que pudo haber sido, qué debí ponerme, qué debí hacer diferente.

Pensaba que tal vez hubiese sido la oportunidad perfecta para tomarme una foto de mis “entrando a los 30”o algo realmente romántico con mi esposo o no sé.  Muchas cosas pasaron por mi cabeza y de repente una imagen se me vino a la mente: “Adán y Eva en el Edén”. Así me sentí, inconforme con lo que tenía y comprendí que lo importante no es la ropa sino lo que hay en tu corazón, con quienes estás y cómo vives el momento. Y sí, siempre pensé que nunca me importaba lo que los demás pensaran o dijeran, pero creo que alguna parte de mí se preocupa por eso sin necesidad, en ocasiones creo que llego a envidiar inconscientemente a los demás, y es que tendemos a ser inconformes con lo que somos o lo que tenemos. También me di cuenta que muchas veces vivo con miedo al futuro, pero ese sólo Dios lo conoce.

Pequeña crisis de los 30me di cuenta que ya no se trata sólo de mí, sino de mi bebé y mi familia, que no me interesa tener una foto sola sino con mis dos amores, que no importa si la combinación es nula, es sólo una foto, hay que disfrutar el momento, ya que final la foto no nos servirá de nada. 

Vivimos en un mundo tan inmerso en la tecnología y en lo digital que olvidamos vivir y marcar en nuestras mentes ese momento mágico. Recuerdo que toda mi vida me entristeció que no tenía fotos de bebé con mis abuelas pero mi hermana sí, y ahora pienso que tampoco tuve con mi abuelo y ¡cómo lo disfruté mientras vivió! Tengo recuerdos vívidos junto a ellos que me llenan de inmensa alegría.

Veo mi celular y me pregunto qué haré con todas las fotos que tengo de mi bebé y apenas han pasado poco menos de cuatro meses, y la verdad es que probablemente nada.

Vivir el día a día y disfrutarlo como si fuera el último, y que si resulta ser así, podamos sentir que fue lo máximo.
Tener fotos y vídeos para recordar
, es lindo, pero antes la gente no sabía de eso y sus largas vidas llenas de felicidad se reflejaban en sus rostros.
March Simpson en la película sólo se preocupó de salvar el vídeo de su boda porque decía que era lo más importante para ella y al final lo sobrescribió para darle un mensaje a Homero que lo que valía en realidad era su familia.  Pues así me siento yo, no tendré las mejores fotos, no seré la más creativa y detallista para las cosas, ni tendré los bienes más lujosos, entre otras cosas, pero la verdad es que no necesito más. 

Es como cuando salí de Panamá, fue con dos maletas llenas de ropa y una cruz que fue un regalo de bodas y su simbolismo es especial. Mi esposo y yo, solos agarrados de la mano dejamos padres y hermanos a quienes extrañamos demasiado, pero nos acercamos más a Dios, como nueva familia sacramentada, y ahora con nuestra pequeña bendición.

Cumpliré 30 en unos 15 días, y sólo puedo pensar en darle gracias a Dios por todo lo que me ha permitido vivir. Gracias por mi familia y amigos, por lo que me da y lo que me quita, por todas sus promesas.
Él ayer le tomó fotos a mi interior
, fotos de gozo pero también de llanto, retratos realistas y espontáneas, imágenes que me mostraron lo que soy, lo que tengo y lo que valgo. Ojalá todos tuviéramos la oportunidad de ver ese álbum de fotos especial, poder sonreír y dar gracias.

Muchos recuerdos faltan por venir, que mi corazón y mi mente sean quienes capturen esos momentos especiales y que en cada uno esté la huella de Dios.

domingo, 31 de enero de 2016

Un mes: Mi experiencia

La ternura en mis manos: Matteo y yo.
A lo largo de nuestra vida hemos tenido varias oportunidades de detenernos a pensar en lo que hemos hecho y en lo que no, en lo que queremos para nuestro futuro, nos planteamos metas y muchas veces hasta le ponemos fecha de cumpleaños, y sí, muchas veces logramos cumplirlas al plazo que no los propusimos, como obtener un título académico, adquirir algún bien material, viajar, obtener un trabajo, etc.  Sin embargo, algo a lo que por lo general no le atinamos a cuándo sucederá es el tener un hijo, tan sólo podemos decir que nos gustaría que fuera antes de cierta edad o hasta le atinemos al año y puede que al mes, y esto si lo hemos pensando no con mucho tiempo de anticipación, pero sólo Dios tiene el completo dominio de cuál será el día y la hora.

Yo debo confesar que nunca visualicé cómo podrían ser ciertos acontecimientos en mi vida, como por ejemplo el graduarme de la universidad, es más ni siquiera estudié lo que de niña o adolescente supuestamente me gustaba, tampoco pensé en cómo sería el día de mi boda ni mucho menos cómo iba a ser mi traje de novia, hasta mucho tiempo dudé si me casaría o no.  Y bueno, el tener un hijo tampoco estuvo en mi pensamiento y es que creo que mi vida la he vivido día a día, lo que tal vez no sea bueno en muchos aspectos, pero el no haber planeado ni esperado nada, me ha permitido disfrutar cada instante con una naturalidad, inocencia, esperanza y felicidad como la que se tiene al leer un libro nuevo.

Muchos años han pasado, he tenido experiencias tanto buenas como malas, he caído muchas y veces pero he logrado levantarme y seguir adelante.  He percibido muchas tristezas y sobretodo muchas alegrías, no obstante, jamás había sentido tanta dicha como cuando escuché por primera vez el llanto de mi bebé y cuando sentí su rostro junto al mío.  Ya hace un mes y una semana exactamente desde este suceso, y en este post quiero compartir mi sentir.

Ser padres no es fácil y creo que nunca se está preparado para ello.  Yo casi teniendo treinta años, con la vida en muchos aspectos bien organizada, sentí que todo se tornó caótico.  Después de vivir tanto tiempo sólo para ti, tener que compartir tu espacio o mejor dicho, todo lo tuyo con alguien, es difícil, pues ya no vives para ti, sino que vives para la otra persona, tus pensamientos, tus deseos, tus preocupaciones son en base al otro, ese pequeño ser que se convierte en lo primero en tu vida. Es realmente conflictivo a nivel emocional y físico, es desgastante, pero a la vez es gratificante, es encontrar un sentido diferente a la vida.

Pero bueno, mi experiencia.  Preocupación, fue lo primero que sentí al estar en el quirófano y escuchar a las doctoras decir ya salió y no escucharlo al instante llorar, <pero no lo escucho>, dije, hasta que se dio, como un sonido de ángeles, y entonces la alegría me invadió.  Al pasar los días en el hospital, era mucho el dolor y las limitaciones que éste genera, sumado a la evidente preocupación por su salud que lo complicaba todo, pero luchaba para sentirme animada y permitir que el entusiasmo por mi bebé lo superaran todo y de esta manera ayudaba a que mi recuperación fuera más fácil y rápida.

En mi mente ya estaba que me dijeran que mi bebé se quedaría en el hospital unos días más, pero para mi sorpresa le dieron salida a la par mía.  Qué contenta me sentí, sólo podía darle gracias a Dios una y otra vez.  Dos días estuvo con nosotros en casa, al segundo día lloré por la frustración de no estar produciendo leche, o al menos la suficiente que él aparentaba necesitar, más la falta de sueño y desgaste físico, la falta de silencio y quietud debido al llanto incontrolable y sin razón conocida, en fin, supongo que es algo que le sucede a todos los padres, hasta a los más veteranos en el asunto.  Y a pesar que fueron días abrumadores, al decir que volveríamos al hospital con él, fue devastador, empero, fue un alivio porque pensé que nos permitiría hacer como borrón y cuenta nueva con respecto a lo que viviríamos en casa al regresar. 

En el hospital aprendimos mucho, el énfasis fue en las técnicas de amamantamiento y producción de leche, ¡vital!  Pero también tomamos notas mentales al observar a las enfermeras y doctoras en la fluidez del trato con los bebés, y también de las respuestas que nos daban ante las inquietudes de padres primerizos como “¿es normal que respire como agitado?”, “¿qué hacemos con el hipo?”, “¿cómo deberían ser las deposiciones?”, entre otras.  Pasaron dos días en el hospital y pensamos ¡Sí, nos graduamos, estamos “ready”!, pero para nuestra sorpresa, al llegar a casa nuevamente fue todo un caos. 

La  dinámica y la logística en todos los aspectos realmente se ha convertido en un reto.  Con todo lo que hay que hacer dentro de la casa y cuando toca salir como por ejemplo a las citas médicas.  El tiempo para la realización se duplica y por ende el estrés. 

Me atrevo a decir que he leído más en este mes de lo que pude haber leído en cuatro años de licenciatura, y creo que eso es mucho decir.  Miles de dudas han surgido, día tras día, minuto tras minuto, y bueno, ya nos hicimos a la idea que seguirán apareciendo, nos queda sólo seguir adaptándonos al nuevo sistema impuesto por el nuevo “jefe”. 

Tengo que reconocer y agradecerle a Dios por mis suegros que en el tiempo que estuvieron nos fueron de mucha ayuda, ya que por ellos pudimos conciliar las pocas horas de sueño que tuvimos y disminuyó también el estrés por el quehacer del hogar; y ni decir mi mamá, ya le debía la vida y el aguantarme tantos años, en mis peores momentos, y ahora, aunque pareciera que me moleste porque me tiene en cuarentena o porque simplemente en ocasiones no pensamos ni actuamos de la misma manera, realmente estoy feliz de tenerla conmigo, y más en los momentos en que sentía que sólo con ella podía llorar y desahogarme ya que ella como madre pasó por lo mismo que yo.

Definitivamente como dicen los escritos, en teoría el bebé evoluciona y está en disposición de realizar ciertas cosas en un período de tiempo determinado, sin embargo, cada bebé es distinto, a unos les tomará más tiempo que a otros, por eso es importante conocerlos y aprender a alinearse a su ritmo. 

Creo que esta semana ha sido mejor, he tratado de establecer una “rutina” en la mañanas que incluye alimentarlo, darle las medicinas, bañarlo, jugar con él, pero confieso que de rutina no tiene nada porque todos los días el orden y las horas han sido distintos, supongo que más bien ha sido un tanteo para ver cuál de todos resulta mejor para ponerlo en práctica.  Con respecto al sueño, ya él duerme una hora más durante las noches, y eso nos ha permitido recuperar un poco el sueño entre cada despertada, inclusive me da tiempo de poder escribir un poco. 

Recordaba hace unos días que consideraba que los últimos meses del embarazo fueron difíciles porque no podía dormir en las madrugadas, pero en comparación a lo actual, el embarazo fue una utopía, no obstante, todo ha sido hermoso, cada experiencia ha valido la pena.  Ahora en las noches con la luz tenue, sólo me quedo viéndonos en el espejo, cómo mi bebé se duerme tan serenamente en mis brazos, y hasta he llegado a disfrutar de sus gritos y llantos repentinos, aunque también reconozco que muchas veces me ofusco, pero bueno, poco a poco.

Apenas con tan poco tiempo digo sin duda alguna que amo ser mamá, tal vez sí soñé con este día pero no lo recuerdo, probablemente mi sueño se quedó corto a lo hermoso y maravilloso que se siente.  Insisto, cada cosa ha valido la pena, hasta tener el estómago de tigre, porque no tengo por qué avergonzarme de mis estrías, y doy gracias a Dios por brindarme tan grande bendición.  También le agradezco por tener a un esposo tan maravilloso, que me ha ayudado mucho, no sólo en darle comida al bebé, o cambiarle los pañales o pasarme cosas, o limpiar, sino en darme su apoyo incondicional, sus palabras de aliento, su mirada de admiración y motivación. 


Me atrevo a decir que siento que empieza nuevamente mi vida, y adivinen, tampoco la planearé, sino que la disfrutaré día tras días.  Sólo le pido a Dios que me de salud y muchos años para poder compartir con mi familia y a la Virgen María Santísima le imploro que me ampare como buena madre que es y me enseñe a ser madre como ella.

jueves, 28 de enero de 2016

Lo que solo Dios conoce

Es extraño volver a escribir después de tantos meses, el intentar poner orden de las cosas en mi cabeza, me resulta un poco difícil.  Sin embargo, me entusiasma el poder plasmar y compartir un poco de lo que pienso y siento.

Diariamente nos desenvolvemos en varios ámbitos y nos relacionamos con distintos tipos de personas, y muchas veces nos mostramos diferentes ante cada uno de ellos, ya sea por confianza o simplemente porque nuestro estado anímico en un momento determinado es no es igual al que tenemos en otro instante. 

Algunas veces nos mostramos felices y con actitud positiva, en otras ocasiones nos invade la tristeza o el dolor, muchas veces reflejamos molestia e irritabilidad, en fin, mostramos máscaras, a menudo, sin darnos cuenta, simplemente porque no deseamos mostrarle a los demás nuestros verdaderos sentimientos y deseos, o porque no queremos aceptar la realidad que vivimos.

Por lo general, resulta fácil engañarnos y engañar a los demás, y fingir hasta a veces puede resultar natural.  Sin embargo, hay alguien a quien no podemos engañar y ese alguien es Dios.  Él conoce absolutamente todo de nuestras vidas, desde antes que viniéramos a este mundo Él nos conocía y sabía lo que sucedería en cada instante de nuestro caminar en la tierra.

Cuando pienso en esto, en realidad experimento alivio y satisfacción, ya que significa que si en alguna ocasión mostrar mis sentimientos me resultara sumamente extenuante, puedo contar con que Dios sabe lo que mi corazón está sintiendo, me comprende y me acompaña.

Sólo Dios sabe que esta Navidad fue la más dolorosa de mi vida, en cuanto al dolor físico se refiere, la más limitada en cuanto a las cosas que quería hacer pero no podía, pero a la vez más feliz y llena de esperanza.  Tal vez se pueda decir que es de esperarse que así fuera mi experiencia debido a el nacimiento de mi bebé y todo lo que esto involucra, sin embargo, el nivel de lo que sentí, que tal vez ni yo misma puedo describir con precisión, es lo que sólo Dios conoce, y a la perfección.

Sólo Dios sabe mi vivencia de Año Nuevo, y es que aunque se lo haya contado a mi esposo, a mi madre y a mi hermana, o me hayan visto algunas personas en la sala en la que me encontraba, el único que fue testigo real fue Él.  Sólo Dios sabe cómo sentí desplomarse mi mundo al escuchar horas antes de terminar el año, que debía regresar al hospital con mi bebé para que lo pusieran en luz ultravioleta.  Sólo Dios sabe lo que mi corazón de madre sufría al desconocer la estabilidad de la salud de mi bebé.  Sólo Dios sabe que lo único que yo deseaba al darse las doce de la noche era sostener la mano de mi bebé y pedir por un futuro junto a él.  Sólo Dios sabe lo que prometí, lo que lloré por fuera y por dentro, lo que le pedí desde los más hondo de mi corazón.  Sólo Dios sabe el dolor físico y el cansancio al que estaba sometida en ese instante.  Sólo Dios sabe que fue el día más triste vivido hasta el momento.

Bueno, es de suponer que ahora al leer estas líneas también saben todo esto, sin embargo, mis palabras no lo podrán contar con exactitud jamás.  Y esto sólo es un día de mi vida, muchas otras situaciones a lo largo de mi historia sólo Dios ha de conocer.  De igual forma, cada persona ha de tener muchas vivencias del conocimiento exclusivo de Dios.

Esto es una realidad inevitable, por más que deseemos huir de ella.  Entonces, ¿por qué nos esforzamos tanto en querer hacerle ver a Dios que nada ocurre con nosotros? ¿Por qué nos cuenta tanto aceptar que Dios es el dueño de nuestra vida y de todo lo que ella contiene?  ¿Por qué no queremos aceptar que Dios es y siempre será parte de nuestras vidas sólo por ser nuestro creador? Insisto, saber que Él lo conoce todo es más gratificante de lo que muchas veces pensamos.

Dios sabe lo muy agradecida que estoy con aquellas personas que estuvieron pendientes de mí durante mi embarazo y al nacer mi bebé; Dios sabe también lo sola que me sentí en ocasiones, con ansias de que aunque sea una persona me preguntara cómo estaba; Dios sabe que al publicar una foto o comentario en las redes sociales era porque ya tenía más tranquilidad en mi corazón de que las cosas marcharían positivamente.  Sólo Dios sabe que yo sé que Él lo conoce todo y sabe lo feliz me siento de tenerlo en mi vida y de poder contar con Él.


¡Qué maravilloso es Dios!, tan perfecto, tan falto de nada y poniendo atención a nuestras limitadas vidas, animándonos y consolándonos de las maneras menos pensadas.  Nos queda agradecerle todo lo que somos y todo lo que tenemos, todo lo que pensamos, todo lo que podemos hacer, y también todo lo que no, y no dudar que Él todo lo sabe, todo lo ve y todo lo oye y siempre está junto a nosotros.

lunes, 25 de enero de 2016

Un regalo sin precedentes


Hace varios meses desde que hice mi última publicación.  En la misma plasmé mis sentimientos de alegría y esperanza con respecto a la llegada próxima de mi bebé.  Hablaba de mi “regalo de navidad”, ya que para alrededor de esa fecha lo esperábamos.
 
Pues, mi regalo llegó y ahora miro atrás y pienso en los meses que estuvo dentro de mí y todo lo que soñé para él, para nosotros.  Muchas sorpresas, sustos e incertidumbres suelen presentarse a lo largo de los meses de gestación, y es que se anhela tanto el poder sostener a esa creatura de Dios en los brazos y se espera que venga sano y fuerte; sin embargo, muchas veces se nos olvida confiar realmente en Dios y dejarlo todo en sus manos.

En estos meses de espera nos llenamos de ansiedad porque deseamos que todo esté listo para cuando el bebé llegue, todo lo material, que si la cuna, los pañales, la ropa, etc., y me pregunto, ¿qué tan importante es eso en realidad?  A veces pienso que nos preocupamos por lo que en realidad no debemos.  Si bien es cierto el dicho “Dios proveerá” no significa que podemos sentarnos en una silla y que todo caerá del cielo mágicamente, sino que tenemos que intentar hacer lo humanamente posible para obtener los mejores resultados y ya habiendo puesto todo nuestro esfuerzo, si queda algo pendiente, dejarlo en manos de Dios.

Pienso entonces en la familia de Nazareth.  María desde que el Arcángel Gabriel le anunció que sería la madre del Salvador se tuvo que empezar a preparar, tal vez comenzando por alimentarse bien, o bien empezó a tejerle ropa o cobijas al bebé  para que al llegar a este mundo tuviera con qué calentarse.  También su preparación contemplaba un tiempo para compartir con los suyos y con los que más lo necesitaban y vemos en las escrituras que consideró prudente visitar a su anciana prima Isabel.  Pero principalmente María se preparó en la oración.  Ella era la escogida de Dios, ya era una mujer de oración, sin embargo, todas esas inquietudes de futura madre se le presentaban y más siendo tan joven, y ante esto, ella oraba incansablemente. José también tuvo que haberse preparado, tal vez dobló horas de trabajo para generar más dinero para poder darle todo lo necesario al niño y que no le faltara nada.  Ambos se alistaron pero con los ojos puestos en Dios.

Pienso ahora que al tener que migrar de ciudad, teniendo sólo una mula para cargar con ellos y con sus pertenencias, tal vez la mayor parte de lo tejido por María se tuvo que quedar, hasta puede que José siendo carpintero haya tallado la cuna más hermosa jamás antes vista y con la mejor madera de aquellos tiempos y también tuvieron que dejarla.  Les tocó renunciar a toda posible comodidad y a cambio, tuvieron que pedir posada en medio de la noche, con frío y cansancio, para al final sólo poder ofrecerle a su hijo un pedazo de tela para cubrirlo y un poco de paja para recostarlo.

Los tiempos han cambiado, eso lo sé, ahora existe cada nueva cosa para hacernos la vida más fácil.  Sin embargo, es importante cuestionarse si realmente todo lo que adquirimos es necesario o simplemente lo obtenemos por moda o capricho.  ¡Cuánta humildad nos hace falta! 

Pero insisto que el problema está en el enfoque erróneo de las cosas, ¿qué es lo realmente importante?  Me atrevo a compartir una anécdota de mi hermana.  Al nacer su segundo hijo, éste tuvo que quedarse unos días más en el hospital y ella lo visitaba a diario.  Preparada desde mucho antes le tenía la ropa para salir del hospital, un día que fue de visita le dijeron que ese día podía llevárselo a casa.  Ahora que soy madre me imagino la alegría que pudo sentir al escuchar esas palabras, aun cuando no se esperaba que ocurriera ese día.  En ese momento no importó más nada que llevárselo a casa, la ropa preparada en casa se había quedado, lo sacó del hospital con tan sólo con un suéter y una sabanilla cualquiera.

Ese es el ejemplo que hemos de tomar de María y José, lo importante no era dónde ni cómo ni con qué iba a nacer Jesús, sino para qué.  Jesús iba a ser el Salvador, pero antes de eso llegaba al mundo para darle luz, alegría y esperanza a sus padres, eso era lo importante.  Así mismo es lo que cada bebé que nace le brinda a sus padres, y con eso ha de bastar, lo vital es tener el corazón dispuesto a recibir esa nueva vida y llenarla de amor. 

Ese es el “Regalo sin precedentes” de nosotros los padres.  Yo recibí mi regalo hace exactamente un mes, sí, el mismo día que María y José recibieron al suyo, esa era la voluntad de Dios y le doy gracias por eso.


Diría entonces que fue mi regalo de navidad del 2015, por supuesto que lo fue, pero también será mi regalo de cada futura navidad y de cada día de mi vida, así como me imagino fue Jesús siempre el regalo para sus padres.  Además medito en el significado de la navidad.  Navidad no es la época, no es sólo dar y recibir regalos, ni comprar ropa nueva, ni comer comida deliciosa, sino que es agradecer, compartir, soñar.  Navidad es amar y amar es de todos los días.

viernes, 24 de julio de 2015

Faltan cinco meses

¿Cuántas cuentas regresivas hemos hecho en nuestra vida?  Algunas veces por acontecimientos realmente únicos como el cumplir mayoría de edad o el día de nuestra boda, otras veces por cosas más simples como un concierto de algún grupo que realmente nos gusta o inclusive cada semana hasta que llegue viernes para así poder descansar.  El tiempo…

…El tiempo avanza de manera inexorable y es imposible que podamos modificar su curso. No podemos lograr que transcurra más lento o más rápido, o pretender guardar un poco para el futuro.  Se termina la cuenta regresiva y llega el día esperado y en un cerrar y abrir de ojos todo se terminó.  La espera…

…La espera nos ha de generar diversos sentimientos y sensaciones.  Cómo vivamos la espera dependerá si lo hacemos en solitario o no, si es justa y explicada o no, si es conocida y finita o no, y por supuesto si se tiene mucha o poca ilusión puesta en que llegue el día o suceso.  Los sentimientos y sensaciones que nos generen pueden ser tanto positivos como alegría, esperanza, sosiego, entusiasmo, etc., o pueden ser negativos como impaciencia, miedo, desconfianza, nerviosismo, entre otros.  Habrá ocasiones en que el negativismo nos invada, sin embargo, a pesar de la incertidumbre que tengamos, debemos procurar mantener nuestro pensamiento positivo y esperar con fe.  El día esperado…

…El día esperado de cada uno es distinto al de los demás porque cada uno tiene motivaciones distintas.  Cada año nos entusiasmaremos por días específicos, un ejemplo puede ser nuestro cumpleaños, aunque para algunos es un día cualquiera, también añoramos nuestras vacaciones; para nosotros los cristianos, La Pascua ha de ser un día de dichosa espera, es más, cada domingo aspirar a encontrarnos al Señor también debería ser anhelado.  También habrá años especiales donde aguardaremos matrimonios, bautizos, primeras comuniones, graduaciones, promociones laborales, entre otros.  Cinco meses…

…Cinco meses parecen ser mucho, ¡cuántas cosas se pueden lograr en cinco meses!, sin embargo, si lo vemos a razón de lo que ocupa en el año, es menos de la mitad.  ¿Qué esperas tú que suceda en cinco meses?  Yo anhelo la Navidad, mi época del año favorita.  En primera instancia porque conmemoramos el nacimiento de nuestro Salvador, aquel que naciendo en un pesebre nos muestra que el ser humilde y sencillo no nos quita riquezas, sino que el verdadero privilegio que tenemos es la familia y el compartir con ellos.  La tradición…

…La tradición navideña varía de país y de familia por supuesto.  Para algunos la entrega de regalos es de Papa Dios, otros del niño Jesús, otros a pesar de creer en Jesús, le atribuyen los regalos a Santa Claus; de igual forma es diferente lo que hacemos los días previos a la nochebuena y navidad.  Muchos nos preparamos con villancicos y posadas, en algunos lugares se hace dentro del templo, en otros recorriendo las casas de la comunidad, haciendo conciertos navideños, decorando nuestros hogares, comprando obsequios, preparando la deliciosa cena, en fin, todo es inspirado por la alegría de lo que celebramos.  Mis navidades…

…Mis navidades siempre fueron junto a mis padres y mi hermana.  Arbolito no siempre hubo, pero el nacimiento o pesebre no podía faltar, al cual cada año se le debía agregar aunque sea una figura.  En nochebuena preparábamos la comida para que estuviera lista temprano.  En horas de la noche nos preparábamos para ir a misa, al regresar esperábamos que se dieran las doce y nos felicitábamos entre nosotros, buscábamos al niño y lo colocábamos en el pesebre y hacíamos una oración en familia.  Luego comíamos y al terminar, hacíamos el intercambio de regalos y a dormir.  Al día siguiente, abríamos los regalos y entre visitas y más regalos de parientes, jugábamos todo el día.  Al crecer…

…Al crecer muchas cosas cambian, como la navidad es de los niños, ya no se reciben tantos presentes, y toca visitar a los más pequeños de la familia y llevarle obsequios.  Además de estar con la familia, sueles compartir tu día con amistades y pareja.  Esta navidad…

…Esta navidad será especial, será la quinta navidad que pasaré con el hombre que Dios me regaló como esposo.  El primer año recién nos habíamos hecho novios, pero recuerdo como simpatizó con mis padres, primos, abuelas y tíos.  El segundo, ya comprometidos en matrimonio, la ilusión del futuro juntos era nuestro gran regalo.  El tercero, ya con la bendición de Dios, en nuestra propia casa, solos él y yo dando gracias a Dios.  El cuarto, solos nuevamente, en un nuevo hogar, en un país completamente nuevo, pero con Dios junto a nosotros.  El quinto…

El quinto año juntos es el que esperamos.  Seguimos lejos de nuestros padres y demás familiares, pero Dios sigue con nosotros y Él nos ha prometido un regalo especial, nuestro primer bebé.  Nacerá en navidad o unos días antes, sólo Dios sabrá, pero como fue la de María, nuestra espera es dulce, llena de ilusión y esperanza, de alegrías y sueños, de amor y confianza. 



El tiempo pasará y la espera concluirá, llegará el día esperado y los cinco meses en nada quedarán, la tradición navideña en ese niño seguirá y mis navidades jamás volverán a ser igual, seguiremos creciendo, él crecerá, y si es voluntad de Dios pasará un sexto, séptimo y muchos más años y bendiciones para nosotros vendrán, pero sin duda alguna, esta navidad, jamás hemos de olvidar.  

jueves, 16 de julio de 2015

Virgen del Carmen, llevo tu nombre

El nombre que llevamos no lo escogemos nosotros sino nuestros padres, así nos toca decidir el de nuestros hijos y a ellos les tocará otorgar el de sus hijos.  No existe nombre bonito ni feo, existen nombres poco comunes.  Pero, ¿cuáles son las motivaciones que nos llevan a determinar un nombre específico?

Muchas veces los padres buscan la herencia de nombres (padre - hijo), o bien colocar el nombre de algún familiar o amigo y de esa manera honrarlo.  En otra ocasiones es porque simplemente se escuchan opciones que resultan atractivas aunque no tengan relación directa con uno o con la familia.  Muchos de los cristianos, especialmente los católicos, optan por asignar ya sea como primero o segundo nombre, el de algún personaje bíblico o de algún Santo, o de alguna advocación de la Virgen.  Considero que lo importante a la hora de la escoger los nombres es que tengan algún significado para nosotros o una anécdota que podamos contarle a nuestros hijos si preguntan algún día su origen. 

En la actualidad, es fácil encontrar páginas de internet donde nos dan listado de sugerencias de nombres con sus significado y procedencia (incluyendo los que están de moda), y hasta describen los comportamientos correspondientes a dicho nombre como si fuera ésto lo que determinara la personalidad.  Es por eso que  por ejemplo se escucha decir, "Fulanito no tiene cara de Fulanito" o "Los Menganitos por lo general se portan bien, no sé que le pasó a éste".   

Cuando somos bautizados se les pregunta a nuestros padres ¿qué nombre han de ponernos? y es que a partir de ese momento, Dios nos llama a cada uno por nuestro nombre.  Es por esta razón, que como hijos de Dios debemos procurar llevar una vida buena y agradable a sus ojos, y honrar el nombre que se nos dio y más si la historia por la cual lo llevamos lleva un trasfondo religioso.

Es mi caso, mi segundo nombre es "Del Carmen", y la razón es porque mi salud al nacer le fue encomendada a la Virgen.  La inclinación por esta advocación en parte viene de mi abuela paterna ya que en el pueblo donde nació se practica esta devoción y de sus padres ella lo heredó.  Además, mi madre nos cuenta que fue inculcada por mi bisabuela, a quien le escuchaba que siempre invocaba a la Carmelita a la hora en que alguien iba a tener un hijo, y desde pequeña mi madre le rezaba a la Virgen cuando su mamá se enfermaba para que llegara a viejita.  Hoy mi abuela tiene 82 años.  Al presentarse nuestro problema de salud y al llegar la hora del parto, se encomendó a la Virgen, confió y no fue defraudada.  Desde entonces mi madre procuró enseñarnos a amar a María bajo esta advocación.

Nunca le di importancia al nombre que llevaba ni el peso que conlleva hacerlo, sino hasta que me volví adulta.  Y es que es entonces, cuando uno madura que entiende mejor las cosas, aprende a apreciar y respetar, pero sobre todo empieza a amar de verdad.  Al principio sólo daba gracias por la salud mía y de los míos, y le pedía que la conservara.  En los últimos años, sigo pidiendo por salud, pero también empecé a pedir que me enseñara a amar sin condición, a ser tolerante y paciente, a ser buena hija, y luego a ser buena esposa,  diligente y siempre fiel, dedicada a mi familia, pero sobre todo le pido que me ayude a mantenerme firme en la fe, para así enseñarle a mis futuros hijos lo maravilloso que es su amor maternal.

Este año, no podré asistir a la misa ni a la procesión en honor a la Virgen, sin embargo, mi corazón y mi oración serán sólo para Ella.  Mi confianza ahora más que nunca en Dios y en ella está depositada.

¡Viva la Virgen del Carmen!

Recomendación para conocer un poquito de la Historia de Nuestra Señor del Carmen: http://www.corazones.org/maria/carmen_virgen/a_carmen.htm

Súplica para tiempos difíciles: 
"Tengo mil dificultades: ayúdame. 
De los enemigos del alma: sálvame. 
En mis desaciertos: ilumíname. 
En mis dudas y penas: confórtame. 
En mis enfermedades: fortaléceme. 
Cuando me desprecien: anímame. 
En las tentaciones: defiéndeme. 
En horas difíciles: consuélame. 
Con tu corazón maternal: ámame. 
Con tu inmenso poder: protégeme. 
Y en tus brazos al expirar: recíbeme. 
Virgen del Carmen, ruega por nosotros. 
Amén."

Además les dejo una canción en su honor, del Grupo Betsaida de Chile:





viernes, 10 de julio de 2015

¿La fe es heredada o aprendida?

A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas, cada una con características diferentísimas, con modos distintos de pensar, capacidades y talentos variados, y aptitudes y actitudes muy específicas, y es que esa es la maravilla del ser humano, ser únicos a pesar de ser creados a una sola imagen: la imagen de Dios.

Tomando esto en consideración, si escogiéramos dos hermanos, parecidos físicamente, con algunas cualidades compartidas y criados exactamente bajo los mismos parámetros, al cada uno poseer personalidades distintas, sus gestos, reacciones y decisiones pueden resultar ser completamente opuestos.  Por ejemplo, puede ser que ambos son muy buenos con las matemáticas, sin embargo, uno va a escoger la parte financiera-contable y el otro la físico-ingenieril.  Pero, ¿qué pasa con la fe?

Yo pienso que funciona exactamente igual, y es que existen varios factores que van a influir en cómo es ésta acogida y practicada.  Uno puede nacer bajo el seno de una familia de una religión y a los años, a medida que uno madura decidir cambiarse de religión, pero lo que se cuestiona es ¿qué es lo que no encontraba en su religión que tuvo que explorar y buscar en otros territorios?

Ante esto, se me vino a la mente una sencilla comparación: “la fe es como saber escribir”.  Aprendemos a escribir desde niños, unos a más temprana edad que otros, por lo general se nos enseña en la escuela, sin embargo, hay otros que aprenden en casa; pero así mismo hay muchos que no adquieren este conocimiento ya que sus padres carecieron de educación y además no poseen recursos suficientes para enviarlos a la escuela a aprender.  De igual forma considero que sucede con la fe.  La fe se aprende en casa inicialmente y luego la Iglesia completa la formación; pero si los padres no conocen, no podrán enseñar ni enviar a aprender.

En algunas circunstancias, ese escenario no cambia, sin embargo, el mundo  y las personas no son estáticas por lo que en la mayoría de los casos las personas llegan a buscar ya sea por necesidad o curiosidad qué hay más allá de su entorno inmediato y conocen gente que les muestra otras perspectivas de vida, de oportunidades, de sueños y esperanzas, que sólo cada uno es quien tiene la determinación de generar un cambio, de progresar.

Muchos a pesar de entrar en un nuevo entorno donde el escribir es sumamente importante, se limitan a lo que saben y no deciden superarse.  De igual forma sucede con aquellos que si aprendieron en la escuela las normas básicas de escritura, pero no le ponen en práctica de la manera correcta, lo cual es reflejado por ejemplo, en innumerables faltas ortográficas o en frases sin sentido.  Así mismo es la fe, a pesar de conocer personas que nos la introducen, suele ocurrir que la rechazamos porque creemos no necesitarla, y los que ya la teníamos aprendida hasta cierto punto, no le tomamos importancia a desarrollarla, más bien la desechamos y olvidamos.


Dicho todo lo anterior, considero que la fe es heredada en parte, al ser aprendida de nuestros padres, sin embargo, en mayor parte, la fe es aprendida porque siempre ha de ir creciendo, siempre involucra aprender más y más y cada quien es el que ha de hacerlo posible.  Y a la hora de tener que enseñarle a otros sobre la fe, estimo que funciona igual, mientras más aprendamos y más herramientas poseamos, mayor alcance podremos tener.  No podemos conformarnos, siempre debemos buscar crecer en Dios y para Dios.

viernes, 26 de junio de 2015

Pensar antes de actuar


Tal vez muchos en distintas ocasiones de nuestras vidas caemos en el error de actuar sin antes pensar, a veces por descuido, otras veces por no importarnos lo que piensen los demás, en otras por baja autoestima o por deseos de engrandecernos, pero casi siempre es por no visualizar ni entender el peso de nuestras palabras y acciones, es decir, las consecuencias.

Dice en el poema Los Motivos del Lobo: “En el hombre existe mala levadura, cuando nace, viene con pecado, es triste…”  Y es que es nuestra naturaleza la que nos hace buscar naturalmente nuestro beneficio y comodidad, nos incita a querer ganar y demostrar superioridad, a pensar primero siempre en nosotros mismos antes que en los demás.  El hombre simplemente es un ser imperfecto y lleno de debilidad, no obstante, fue creado para amar, para ser reflejo del creador, 

Dios mediante sus enseñanzas, su amor incondicional como padre protector y guía, busca que de nuestro ser florezca la bondad que Él sembró en nosotros.  Pero muchas veces resultamos ser irremediablemente obstinados y nos dejamos ganar por nuestro ego. El pensar que casi siempre tenemos la razón y que nuestra manera de hacer las cosas es la correcta y más eficiente nos hace perder la tolerancia con los demás que no son iguales que nosotros.

Resulta que sería mucho más fácil si todos estuviéramos en la misma página, así no habría nada que explicar y todo fluiría con mayor naturalidad.  Pero estamos en un mundo donde si bien es cierto, todos somos iguales ante los ojos de Dios, así mismo tenemos capacidades y oportunidades diferentes, no para que el que más sepa señale y humille al que no, sino todo lo contrario, para que le enseñe, y sí, en reiteradas ocasiones se requerirá respirar hondo y pedir iluminación divina para encontrar las mejores palabras y métodos para hacer llegar el mensaje. 

Dios nos expone ante ciertas situaciones como pruebas constantes, eso es lo que pienso que hace, Él nos pone en diferentes ambientes en distintos momentos de nuestras vidas para fortalecernos y a la vez para que nos acerquemos a Él.  Siempre encontraremos en la escuela, en el trabajo, entre vecinos, en la iglesia, hasta dentro de nuestra misma familia, personas con quien en ocasiones será difícil lidiar.  A veces diremos cosas que para nosotros está de lo más bien, sin embargo, son hirientes y menospreciantes.  Ante esto, existe una única solución: orar. 


Orar incesantemente, orar con el corazón, reconociendo nuestra imperfección, que nada somos sin Dios y que por eso necesitamos de Él para poder comportarnos a su voluntad, para construir su reino en la tierra, para crecer en santidad y ayudar a otros a crecer de igual forma.  Pedir paciencia, tolerancia, sabiduría y entendimiento, aprender a escuchar y entender cuándo es mejor callar.  Si nuestra oración es sincera, Dios nos dará lo que pedimos y mucho más, y la gracia y satisfacción que nos generará nuestras buenas obras serán inmensurables.  

lunes, 4 de mayo de 2015

Un día especial


Recién fue mi cumpleaños.  El cumpleaños es un día para recibir innumerables saludos de felicitaciones y bendiciones por las diferentes vías de comunicación existentes, día para festejar con familiares y amigos, cantar cumpleaños, soplar la vela y pedir un deseo; día para caer en cuenta que el tiempo pasa volando y que hay aún muchas cosas que no hemos podido realizar, día de ser consentidos por nuestros seres queridos, día para reír, disfrutar pero sobre todo para dar gracias a Dios.

Me quedé pensando, ¿qué tan importante nos resulta recibir felicitaciones?  Primero que todo hay que tener claro que hay diversas maneras de hacer llegar una felicitación:
§  - Recibir visitas.  Eso sería lo óptimo.  Dar un abrazo y un beso, pasar un tiempo con el celebrado y mostrarle nuestro cariño. 
§ -  Las llamadas telefónicas.  Es un gran medio ya que muchas veces la distancia dificulta el ir de visita.  Una llamada siempre es bien recibida y alegra el corazón. 
§  - Saludos por redes sociales.  Facebook es el principal, ya sea por mensaje personal o por un post en el muro, también está twitter, WhatsApp, entre muchos.  Personalmente pienso que es bonito saber que las personas se toman aunque sea un minuto para ti, y que es muy probable que lo hagan con las intenciones más nobles y en verdad, eso se agradece.
§ -  Saludos mediante intermediarios.  Es cuando alguien te dice “Fulanito me dijo que te dijera que felicidades”.  Siempre ha de haber una razón por la cual no se dio una felicitación directa, y por eso se recibe con igual cariño.
§ - Cuando el celebrado llama.  Esta es poco usual, pero es curioso cuando el homenajeado del día tiene la necesidad de llamar a alguien para comunicarle algo y puede que la reacción de ese alguien sea una de dos: que hable todo la distancia sin recordar que es su día, o que apenas le escuche la voz diga, “estaba a punto de llamarte para felicitarte”.  También vale aunque me parece graciosa.

Todo esto me recuerda a mi difunta abuela que decía “hoy yo no llamo a nadie aunque realmente lo necesite, que me llamen” - y ay de que no llamaras – jaja.  Y por supuesto tenías que estar clarito con la fecha, porque no tenía Facebook para recibir el aviso.  ¿Qué sucede en la actualidad?, si uno no tiene en el Facebook el cumpleaños visible, ¿sería la misma historia de si lo tuvieras público y sería la misma lista de felicitaciones?  Tal vez no.

¿Y qué pasa con los que no te escriben?  Pues nada, no significa que signifiques menos para ellos o que no te tengan siempre presente, tal vez simplemente tuvieron un día ocupado, o no es su costumbre felicitar, pero por supuesto y tristemente, si habrá gente que sabiendo y teniendo tiempo, simplemente no le ha de importar escribirte, pero eso es cuestión de cada quien porque cada persona es diferente y eso hay que respetarlo.

Ahora bien, este año por primera vez en 29 años me ha tocado a estar a miles de millas de distancia de mi país y de toda mi gente, y créanme valoro y reconozco lo maravilloso de la evolución de las tecnología y las redes sociales, cuando puedes hacer una video llamada por Skype aunque sea por unos minutos y puedes ver y escuchar a tus padres, tu hermana y tus adorables sobrinos cantándote feliz cumpleaños.  O cuando  recibes imágenes y fotos con los buenos deseos, o cuando a una amiga no le basta con hacerte un collage y sino que te llama por teléfono, esos detalles, no tienen precio. Y aunque bien es cierto que jamás equivaldrá a un abrazo y un beso, bajo las circunstancias, es realmente de mucho provecho.

Pero qué bonito es tener al alguien contigo celebrando.  Por ejemplo, genera mucha alegría saber que donde estés puedes hacer nuevas amistades que se preocupan por ti y tiene es gesto de compartir el día contigo y hasta preparar una sorpresa de cantarte las mañanitas y tocarlas con mandolina.  También el tener a un ser querido – en mi caso, mi esposo - consintiéndote, buscando tu comodidad y tranquilidad en este día.

Sin embargo, pienso yo que un cumpleaños no es cumpleaños sin darle gracias al que te dio la vida: Dios.  Procurar ir a misa indistintamente que sea domingo o cualquier día de la semana, buscar estar en paz con Él y simplemente agradecerle y decirle cuanto le amas.  Puedes tener una bendición extra y quedarte adorando su majestuosidad.

Finalmente, en el cumpleaños uno suele pensar en la vida, en lo que hemos ganado y lo que hemos perdido, en lo que hemos hecho y lo que nos falta por hacer, entre otras cosas.  Pero en verdad considero que todo esto se resume en cuánto hemos amado y que es probable sea la pregunta que tengamos que responder en nuestro juicio ante el creador.  La pregunta es ¿por qué necesitamos de un cumpleaños para meditar sobre esto, cuando debería ser una acción diaria?

Le llamamos un día especial a nuestro cumpleaños, a nuestro día de bodas, al nacimiento de nuestros hijos, al día en que nos bautizamos, confirmamos o hacemos la Primera Comunión, al día en que completamos algún logro académico o laboral, y estos son sólo algunos ejemplos.  La verdad es que cada día nos hacemos más viejos, cada día adquirimos experiencias distintas, cada día aprendemos algo nuevo, es decir, que cada día es especial; para llegar al día de nuestra boda, hemos tenido que aprender a amar a nuestra pareja y a nosotros mismos, a amar la relación, a compartir, a comprender al otro, cada día; cuando una creatura nace es porque al concebirlo se le ha deseado y se le ha amado y por nueve meses se le ha cuidado y esperado; cuando decidimos dar el paso de recibir un nuevo sacramento, es porque hemos aprendido de Dios, le hemos amado y queremos seguir amándole;  cuando tenemos algún logro en la vida es porque hemos encontrado deleite en lo que hacemos, porque hemos querido superarnos, porque con nuestras acciones queremos ayudar de una u otra manera a los demás que amamos.  Y así se puede seguir en cada acontecimiento de la vida.


En fin, todos los días es un día especial, nosotros lo hacemos especial, que nuestra alegría, que nuestros agradecimientos, con nuestras ganas de vivir, con nuestra entrega a los demás, con nuestra confianza puesta en Dios.  Y todos los días podemos ser consentidos de nuestros seres queridos.


Mi cumpleaños fue un día especial y doy gracias a todos los que me felicitaron de una u otra manera, a lo que no también, a los que me felicitan todos los días con una sonrisa o un “hola, ¿cómo estás? y a los que lo hacen aunque no me entere, mediante un pensamiento o una oración.  Gracias a Dios por sus vidas, por ser parte de mi vida, porque les da siempre un día especial; y en la distancia, pienso y oro por ustedes.  

lunes, 13 de abril de 2015

Arroz con leche para el Ratón Pérez y el Hada de los dientes

Hace un par de días se le cayó su primer diente a mi sobrino mayor y pensé en la tradición del Ratón Pérez que para muchos es la del Hada de los dientes.  En sus inicios la idea primordial de esta tradición era disminuir la ansiedad y tristeza que podía causarles a los niños la pérdida del diente, sin embargo, he visto que la mayoría de los niños añoran que se les caiga, algunos porque saben que el ratón o el hada les dará plata a cambio del diente, o porque simplemente es la moda de la edad y puede resultar divertido por ejemplo comer espaguetis.

No hay que olvidar que también se celebra el diente cuando sale por primera vez.  La costumbre que conozco es que aquella persona que le ve por primera vez al niño el diente naciendo debe hacer un arroz con leche como recordatorio y compartirlo con los más allegados.   Y como éstas, hay muchas otras costumbres para conmemorar algún acontecimiento de la vida.  Pero es curioso, muchas veces nos quedamos en los momentos de la infancia, ¿y es que acaso no crecemos?

Bien es cierto que las etapas primeras de la vida son más cortas y que por eso hay que disfrutar lo mínimo de cada una de ellas, y también es cierto que un bebé con tan sólo una sonrisa o un niño con sus ocurrencias pueden alegrarnos el día.  Sin embargo, yo creo que la razón de nuestras alegrías se basa en las ilusiones que tenemos en las cosas que vivimos.

La ilusión no es más que la esperanza que ponemos en algo positivo, como un sueño o un proyecto.  Nos ilusionamos cuando nos enamoramos y soñamos en un futuro con esa persona especial, cuando se va concretando ese futuro al casarnos y esperar un hijo, cuando estamos por conseguir un mejor trabajo o mejor salario, y así en cada ciclo de la vida, en muchos momentos experimentamos ilusiones propias o ajenas, pero, y en los días que no se da un acontecimiento especial, ¿dónde queda la ilusión?  Al despertarnos y darnos cuenta que se nos ha concedido al menos por un día más la oportunidad de vivir, debe ser motivo de alegría e ilusión.

Igual funciona nuestra vida de fe, celebramos cuando hay un Bautizo, una Primera Comunión o una Confirmación, un Matrimonio o una Ordenación Sacerdotal, y hasta cuando alguien fallece, celebramos con esperanza.  Celebramos la Natividad del Señor, y recientemente su Pascua, la cual debemos celebrar todos los días, el ser partícipes de su amor y de su entrega, celebrar que se quedó con nosotros en la Eucaristía, y que todo lo que tenemos a nuestro alrededor es un regalo de Él, celebrar que podemos profesar nuestra fe con libertad cuando hay muchos que no pueden.

Es normal que la pérdida de algunas cosas nos provoquen ansiedad y tristeza, pero a diferencia de una simple historia de niños, Dios existe y cuando sentimos que no podemos seguir, cabizbajos por lo que hemos perdido, al sentir que ni levantarnos de la cama podemos, Dios siempre nos dará algo en recompensa o más bien algo nos ayude a continuar, algo que con seguridad será mejor que una moneda debajo de la almohada.

Hay que recordar siempre que no tiene que ser un día en específico, ni un mes ni mucho menos un año para que lo consideremos especial, todo día es especial, cada día es maravilloso, cada día es una oportunidad.  Nazca o se caiga el primer diente, no importa, cualquier día es bueno para un Arroz con leche para el Ratón Pérez y el Hada de los dientes.

miércoles, 1 de abril de 2015

Mi nueva experiencia de Triduo Pascual

Lo hermoso de la Iglesia Católica es su universalidad.  En todos los lugares donde se celebre una misa, las lecturas leídas y la liturgia en sí, serán las mismas, salvo en ocasiones en que por ejemplo se esté celebrando el Santo patrón del lugar, se es permitida la presentación de lecturas aprobadas para conmemorar al Santo.  También puede que se observen pequeñas variantes, pero ya sería en el acompañamiento de la celebración, como por ejemplo los cantos, y usualmente, esto se debe a las diferencias de idioma y cultura del lugar donde se celebra.

La Semana Santa, dada su importancia, tiene un carácter más estricto en cuanto a Liturgia Eucarística se trata.  Sin embargo, las pequeñas actividades que se realizan en estos días como lo son las dramatizaciones, viacrucis en vivo, las diversas procesiones, entre otros, tienen el propósito de ayudarnos a entender, meditar y valorizar un poco más el significado salvífico de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Una de las celebraciones características dentro de este triduo y que muchos desconocen es la celebración de la Misa Crismal en la mañana del Jueves Santo, donde se consagra el santo Crisma, se bendicen los óleos de los catecúmenos y los enfermos y se renuevan las promesas sacerdotales.  Este año aprendí que esta celebración puede moverse unos días antes para que los sacerdotes de la diócesis puedan asistir, ya que muchas veces por la lejanía de algunos, no les es tan fácil llegar y regresar a tiempo a su comunidad para presidir la misa de Jueves Santo donde se realiza el lavatorio de los pies y la institución de la Eucaristía, la cual confieso es mi celebración favorita donde mi piel suele erizrse especialmente si escucho el canto “Doce Hombres”.

Otras de las actividades que sólo se realizan en algunos lugares son la realización del monumento al Santísimo, la procesión del Silencio de los hombres, la meditación de las siete palabras, y la procesión de mujeres acompañando a María en su dolor.  Estas prácticas son vistas mayormente en las comunidades de habla hispana.

Este año sólo tendré la oportunidad de participar de las celebraciones principales, ya que las costumbres eclesiales del área no incluyen actividades como las antes mencionadas, sin embargo, debo decir que me siento agradecida por la diócesis a la cual me tocó pertenecer al mudarme, ya que existen parroquias donde se hacen celebraciones en español, porque aunque el contenido de la misa es la misma en el idioma que sea, se puede sentir el calor de la cultura latina.

En consideración a que las misas de Jueves Santo y Vigilia Pascual son bastante extensas en muchas parroquias las celebraciones serán multilingües; en la parroquia a la cual asisto, la base de la misa es el inglés, pero algunas lecturas, oraciones y cantos se hacen en español o en vietnamés.  Lo bonito de este tipo de celebraciones es el reafirmar que somos miembros de una sola Iglesia. 

La experiencia multilingüe que he de vivir, estoy segura me va a permitir experimentar un Triduo Pascual diferente pero maravilloso, ya que es en situaciones como esta en las cuales debemos estar más claros y convencidos que nosotros asistimos a misa no por el sacerdote, o por la gente, o por la música, sino por Cristo, cabeza de la Iglesia, quien nos limpia de nuestros pecados y nos da la salvación.  

Que Jesús nos permita vivir este Triduo Pascual a plenitud y así seamos capaces de comprender la magnitud de su amor, demostrado al quedarse con nosotros en la Eucaristía, morir por nosotros en la Cruz, y resucitar para nosotros en la plenitud de su Gloria.  Que podamos cantar y gritar al unísono "Cristo ha resucitado, Aleluya" y que como un sólo pueblo seamos reflejo y testigos de su victoria.

martes, 31 de marzo de 2015

Oración antes de dormir

La oración antes de dormir es vital porque sencillamente no sabemos si al día siguiente despertaremos.  ¿Cuántas veces no nos hemos acostado sin dirigirnos a Dios? Algunas veces ha sido por cansancio, otras por olvido o porque simplemente no sabemos qué decirle. 

Tal vez la noche muchas veces no parece bastar para poder agradecerle a Dios las maravillas infinitas que nos ha regalado en el día; qué dicha sería siempre poder ver la película de lo vivido en esas horas desde el último amanecer, para así sonreír al ver cuánto nos ama nuestro Padre Celestial.  Y aunque es probable que no todo haya sido “perfecto” y “bueno”, debemos dar gracias con la convicción de que todo lo sucedido es porque Dios tiene un plan.

Además de ser agradecidos, lo ideal antes de dormir es dedicar un tiempo para hacer un examen de conciencia y pedirle perdón a Dios por cualquier ofensa que hayamos cometido y hacer un propósito de desagravio.

Pero no hemos de olvidar que la oración de la noche debe ser también de petición.  Podemos pedirle a Dios que nos conceda un buen descanso y que  el día siguiente sea mejor y encomendárselo, sin embargo, lo primordial es abandonarnos en Él, pidiéndole que se haga su voluntad, pero que su paz y su gracia nos acompañen siempre.

También es bueno encomendarnos a nuestro Ángel custodio.  Creo que esta es la primera oración que nos enseñan de niños. Yo creo que no a todos nos las enseñan igual.  Aquí les comparto como la aprendí que mis padres: 
 
“Angel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que me pongas en paz y armonía con Jesús, José y María.  Cuatro esquinas tiene mi cama, cuatro ángeles que me acompañan: Pedro, Pablo, Juan y Lucas.  Acuéstate Mónica y no tengas miedo”.

Y por último, quiero compartir una oración que recientemente el Padre de la parroquia a la cual asisto nos enseñó.   


“A tiempo de acostarme Señor en tus manos encomiendo mi alma, presérvame del pecado y de una muerte imprevista”.

Y aunque a veces sea difícil, hagamos el esfuerzo de perseverar en la oración, que cada día nuestra última alegría y nuestro último pensamiento sean para Dios.